09 junio, 2012

¿Qué Onda?, fue 585, estoy seguro.


A veces una pequeña cosa, por nimia que sea, puede marcar la diferencia entre el acuerdo y el desacuerdo. Esto es especialmente cierto cuando dos personas discuten sobre el color de algo. Voy a intentar explicar por qué cuando dos personas discuten si por ejemplo, algo es rosa o naranja, azul o violeta, verde o amarillo, ambas personas pueden llevar razón.

Ejemplo de lo anterior, que no significa "María piensa en irse de viaje"

El color es una percepción visual; la forma que tiene nuestro cerebro de entender las diversas luces que le llegan del exterior. Cuando los fotorreceptores de nuestros ojos o de los ojos de otros animales reciben luz del exterior, esta luz atraviesa toda la estructura óptica de nuestro ojo hasta llegar a la retina, donde unos receptores especiales interpretan que se trata de una longitud de onda específica de todas las posibles en el espectro visible (el que nosotros podemos ver).

Cuando estés viendo un cuadro, y creas que lo estás viendo bien, párate a pensar por un momento en que es realmente lo que está pasando en ese instante.

Las salas de los museos suelen estar iluminadas de una forma muy especial, ¡no se pone un tubo de neón y a volar! Esa luz, colocada de forma estratégica, llega hasta el cuadro que absorbe una gran parte de las ondas electromagnéticas. Sin embargo, otra parte de esas ondas son reflejadas por el cuadro y llegan hasta tus ojos. En función de la longitud de onda que tengan esas ondas reflejadas, tu cerebro determinará que se trata de un color o de otro. Eso quiere decir que ves los colores que el cuadro refleja, pero no los que absorbe.




El ojo humano, al igual que el resto de ojos en la naturaleza, solo ve una pequeña parte de todo el rango de ondas que existe. Además, solo es capaz de ver cuando hay suficiente luz; en caso contrario, ve algo así como tonos de blanco y negro. De hecho, el mismo cuadro, iluminado con una luz diferente (una luz que no sea blanca) a nuestros ojos aparecerá con unos colores distintos.

Misma sala, distinta iluminación. El color de las cosas es el mismo. De hecho la luz del fondo en la esquina es la misma, pero crea a su alrededor un alo de luz que nosotros vemos diferente.

La visión es un sentido que depende de dos fases. La primera, detectar la luz. Y la segunda, interpretarla. La primera es totalmente objetiva, la segunda ni mucho menos (que nos lo pregunten a los hombre, que no vemos ni la mitad de colores que son capaces de ver las mujeres).


Vayamos con la primera fase, la que todos hacemos de una forma muy parecida. La retina, tejido en el fondo del ojo al que llega la luz del exterior, está formada hasta 10 capas de células, de las cuales la mayoría deja pasar la luz a través suyo hasta llegar a la capa donde se ubican los conos y los bastones (una serie de células especializadas en la recepción de fotones y transformación de esta información en impulsos nerviosos).

Además de los conos y los bastones, la retina posee una compleja red de neuronas. Para empezar, los conos y bastones están en contacto con las células bipolares que a su vez conectan con las ganglionares (son los axones de estas últimas los que convergen y forman el nervio óptico). Existen otras neuronas encargadas de conectar las células receptoras entre si, las células horizontales, y otras como las amacrinas, encargadas de hacer interconexión pero cuyos núcleos están en la capa más interna.
En el ojo existe una zona de máxima claridad visual, donde todas las imágenes se ven de una forma casi perfecta, donde enfocamos, es la llamada mácula lútea. Existe muy cerca de esta un punto donde la visión es nula, es, por así decirlo, un punto ciego por el que salen los nervios y los vasos sanguíneos desde y hacia nuestro ojo.

En esas células especializadas en recibir e interpretar la luz, existen una serie de compuestos fotosensibles que al recibir una cierta longitud de onda, cambian de conformación y desencadenan una serie de cambios químicos que terminan convirtiéndose en un impulso nervioso que llega hasta nuestro cerebro. En los humanos existen tres tipos de conos, que responden con mayor intensidad a la luz y que tienen una longitud de onda de 440, 535 y 565 nm. (Si ves el esquema anterior de la longitud de onda de toda la luz, verás que todas estas están en el espectro visible). ¿Alguien ha caído ya en la cuenta de que son solo tres longitudes de onda, y por tanto solo 3 colores definidos y en cuales son esos colores? Pues bien, 440 nm está en el límite del color azul y el color Indigo (algo antes que el violeta), los 535 vienen a estar en el color verde y los 565 en el color amarillo. Algo no encaja con esta imagen ¿verdad?









Bueno, los tres tipos de conos poseen un compuesto pigmentado, el retineno-1, y una opsina que posee una estructura característica en cada tipo de cono. Por otro lado, los bastones tienen Rodopsina, un pigmento fotosensible cuya opsina se llama escotopsina y cuya sensibilidad máxima es a 505 nm, color verde aunque más cerca del azul que los 535 nm. Dicho esto, los bastones casi se encargan exclusivamente de ver los claros y oscuros cuando hay poca luz y los conos de ver el resto cuando si hay luz suficiente. ¿Alguien más tiene la sensación de que nos faltan pigmentos para ciertas longitudes de onda?, eso es porque aún nos falta información.

Existe otro tipo de células en nuestra retina, las células Ganglionares. Son las encargadas, por así decirlo, de calcular cuánto color ve un cono. Las células ganglionares están en la retina y reciben  señales tanto de conos como de bastones a través de varias células intermedias. Se trata de células que transmiten información al cerebro. Las células ganglionares suman y restan señales de muchos conos. Por ejemplo, comparando la respuesta de conos de lontigud de onda media y larga, una célula ganglional determina la cantidad de verde y rojo. El resultado de estos pasos para la visión del color es una señal enviada al cerebro. Hay tres señales, relacionadas con las cualidades del color y que son: La cantidad de color verde o rojo, la cantidad de color azul o amarillo y el brillo.



Es la recepción en diferentes zonas del ojo, la combinación de las señales recibidas en conos y bastones en diferentes zonas, junto con los cálculos que hacen las ganglionales mas la visión estereoscopia por tener dos ojos, lo que hace que seamos capaces de ver imágenes de una forma nítida, en color, forma, movimiento, etc.

Sin embargo, una pequeña diferencia de longitud de onda, y lo que parece naranja, se vuelve casi rosa. Aquí entra la parte subjetiva del asunto. Lo que yo veo claramente como azul… otra persona puede decir que es violeta. Y es que depende de nuestra experiencia, de nuestra visión y de la interpretación que de ella hace nuestro cerebro, que digamos que un color es ese y no otro.

Nuestros ojos no son perfectos, cometen fallos. De hecho el propio Darwin ya se dio cuenta de que los fallos de los ojos y de interpretación del color, eran un buen ejemplo de un órgano que no había sido fruto de un diseño inteligente, sino el fruto de un proceso totalmente azaroso, caprichoso y evolutivo a lo largo de millones de años.

Quizá fue por estos fallos de interpretación de color, que a los chicos de Tarantino les costó saber quien era el topo policía de la banda. Desde luego, distinguir entre el Señor Rosa, el Señor Naranja, el Señor Azul, marrón, Blanco o Rubio…no debió de ser nada fácil.


Este post participa en la XVI Edición del Carnaval de Química, alojado por Dr. Litos en ¡Jindetrés, sal!


¡Yo nunca dejo propina. No creo en eso! (Sr. Rosa, Reservoir Dogs, 1992)